San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz: El Santo de la poesía mística

Juan de Yepez Álvarez nació en la ciudad de Fontiveros, España el día 24 de junio del año 1542,
sus padres fueron Gonzalo de Yepez y Catalina Álvarez, un matrimonio descendientes de judíos
conversos al cristianismo.

Al morir su padre su familia quedó en una difícil situación económica, pasó por muchas
circunstancias en la que se trasladó con su madre por muchos lugares antes de estabilizarse en una ciudad, allí fue donde dio sus primeros acercamientos con la religión, siendo San Juan de la Cruz un religioso noble y humilde que tuvo la oportunidad de forjar una educación religiosa amplia como escritor, poeta místico y sacerdote católico.

Índice

¿Quién fue San Juan de la Cruz?

San Juan de la Cruz fue un religioso y poeta místico que perteneció al Renacimiento español,
venerado por la iglesia católica, anglicana y luterana, siendo un joven humilde que comenzó a
trabajar en un hospital que más adelante le diera la oportunidad de ingresar la colegio jesuita de Medina del Campo, como religioso vivió intensas experiencias religiosas que hizo resaltar su don como escritor y poeta destacando como gran influyente y máximo exponente de la poesía mística.

También fue nombrado como uno de los religiosos doctores de la iglesia especializándose en la curación de enfermedades venéreas, logró reformar la Orden de Nuestra Señora del Monte
Carmelo y co-fundador de la Orden de los Carmelitas Descalzos junto a Santa Teresa de Jesús,
fue catalogado desde el año 1952 como patrono de los poetas en lengua española.

San Juan de la Cruz

Historia de San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz nació en el seno de una familia humilde en el año de 1542, sus padres que
eran descendientes de judíos se convirtieron al cristianismo y hasta la edad de 4 años vivió en
el pueblo abulense de fontiveros, ya que su padre murió dejando a su familia en una situación
difícil.

Juan era el menor de dos hermanos y luego de la muerte de su padre dos años después falleció uno de ellos, se presumió que era por la falta de una alimentación adecuada, la entonces familia de tres se vieron obligados a trasladarse a otra ciudad debido a la extrema pobreza que padecían, durante cuatro años vivieron en la ciudad de Arévalo hasta que en el año 1551 se establecieron en Medina del campo.

San Juan de la Cruz era un joven de baja estatura para su edad, quizás la mala alimentación
hizo estragos en su desarrollo tanto que Santa Teresa de Jesús lo llamaba medio fraile, sus
escasos recursos y condición de pobre de solemnidad lo ayudó a asistir al colegio de “Los Niños de la Doctrina” en el año 1550, sin embargo la buena posición económica del matrimonio del hermano de Juan les dio estabilidad total en esa ciudad y él pudo asistir a ese colegio.

En esa institución comenzó a realizar ciertas labores como asistir al convento ayudando en la
misa, servía como acompañante de entierros y cumplía con la práctica de pedir limosnas.

Toda la formación que recibió le abrió las puertas en el colegio de los jesuitas, consolidándose
en el área de humanidades y a la vez cumplía con sus labores en el hospital de Nuestra Señora
de la Concepción de Medina del Campo y realizó una especialización en la curación de
enfermedades venéreas.

Con los jesuitas obtuvo mayor formación durante los primeros años, también tuvo la
oportunidad de aprender latín y de escribirlo, además de construir versos en este idioma y a su
vez vivió la nueva era del humanismo cristiano.

A la edad de 21 años ingresa al convento de “Los Padres Carmelitas” de Medina del Campo en
el año 1563, que pertenecía a la orden de Los Carmelitas, allí cambia su nombre a fray Juan de
San Matías, realiza el noviciado entre los años 1563 y 1564 en el convento de Santa Ana,
entonces decide trasladarse a Salamanca entre los años 1564 y 1567, estudia en el colegio de
San Andrés de los Cármenes donde fue nombrado prefecto de los estudiantes gracias a sus
destrezas dialécticas.

En el año 1567 regresa a Medina del Campo para ser ordenado presbítero y celebra su primera
misa, para ello contó con la presencia de su hermano y la familia, y entonces conoce Santa
Teresa de Jesús cuando aún era Teresa de Cepeda y Ahumada para juntos formar una nueva
sede de la reforma Carmelita siendo bautizada como Carmelitas Descalzos y lo convence para
ingresar a su orden.

Durante la época de 1567 1568 Juan regreso a Salamanca para iniciar sus estudios de teología,
pero no logró terminarlo, regresó hacia Salamanca para acompañar a Santa Teresa de Jesús
con su fundación femenina de Valladolid.

Fue 1568 cuando fundó su primer convento en la rama masculina de Carmelo descalzo,
siguiendo la regla primitiva de San Alberto, decide cambiar su nombre finalmente a fray Juan
de la Cruz.

San Juan de la cruz fue uno de los principales formadores para nuevos adeptos a la reforma
carmelitana en el año 1572, viajó como invitado de Teresa de Jesús al convento de “La
Encarnación” para asumir labores de vicario y confesor de las monjas, permaneció allí por más
de cinco años, también acompañando a la madre Teresa en diversas actividades del convento.

Como escritor de poesía y verso San Juan de la cruz escribió las 31 estrofas del cántico
espiritual tras pasar ocho meses bajo arresto por los frailes calzados en Medina del campo en
el año 1577, también compuso varios cantos de romances y el poema de la fonte cantando
incluso desde el reclusorio para tratar de obtener un poco de consuelo.

Este encarcelamiento se produce después de estar involucrado en varios conflictos
jurisdiccionales entre “Los Carmelitas calzados” y “Los descalzos”, se dijo que fue ocasionado
por distintos enfoques espirituales, aunque también la discusión englobaba el poder real y el
pontificio para lograr dominar el sector de las órdenes religiosas, este evento comenzó en el
año 1575.

En el año 1578 en vista de las dificultades para lograr su liberación, planeó con éxito su fuga el
18 de mayo de ese año durante la madrugada refugiándose en el convento de las madres
Carmelitas descalzas, por esta fuga recibió varios cargos en su contra y tras pasar por
almodóvar del Campo y llegar como vicario al convento de El Calvario en Beas de Segura, en
1579 se establece en la fundación de Baeza realizando numerosos viajes por Andalucía y
Portugal.

Sin embargo en 1590 se produce un nuevo enfrentamiento doctrinal por lo que es destituido
de todos sus cargos y el 1591 quedó como súbdito de la comunidad, tiempo después se
enferma durante su viaje a Segovia en el convento de la Peñuela y es trasladado a Úbeda
donde fallece el 14 de diciembre.

Milagros atribuidos a San Juan de la Cruz

Son muchos los milagros atribuidos a este Santo, sin embargo los que más destacan son:

El cuadro de Cristo

Dice la leyenda quién comentó que en Segovia se encontraba un cuadro de Cristo, un día San
Juan se encontraba frente a él orando cuando de repente el cuadro le hablo manifestando que podía pedirle lo que quisiera y que él se lo iba a conceder.

Juan de la cruz le contesto que quería que le diera más trabajo y padecer lo que Dios ha
padecido, además de ser menospreciado y siempre tener muy poco para vivir, ya que San Juan de la Cruz a través de este milagro consideró como iba a ser el final de su vida y este era
precisamente vivir como un bienaventurado cabal.

Como se puede traducir literal de la última bienaventuranzas: “dichosos vosotros cuando os
insulten y os persigan por mí causa estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será más grande en el cielo” con esto San Juan de la Cruz consideró que el mayor y más alto estado en esta vida al que se puede llegar es la unión espiritual con Cristo.

El pecado de la tentación

Este milagro se trata de una mujer que quiso tentar de forma descarada a San Juan de la Cruz,
él se defendió en lugar de ceder a sus tentaciones y fue con una serie de palabras tiernas para
que la mujer comprendiera que estaba cometiendo pecado y se alejara de inmediato del
religioso.

Beato/Santo San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz fue nombrado beato el 25 de enero del año 1675 por el Papa Clemente X y
canonizado el día 27 de diciembre del año 1726 por el Papa Benedicto XIII.
Su santuario esta establecido en el convento de los Carmelitas Descalzos de la ciudad de
Segovia. Su festividad se conmemora el día 24 de noviembre.

Oraciones a San Juan de la Cruz

Oración para pedir fortaleza

Vuestro emblema fue siempre padecer y ser despreciado. ¡Oh, si pudiese yo al menos resignarme en mis tribulaciones, ya que no soy tan generoso como tu en el padecer y ser despreciado! A ti, pues, que en tantos sufrimientos fuisteis siempre paciente, resignado y gozoso, a ti me encomiendo para que me enseñéis a resignarme en mis muchas penas.

Tampoco me faltan fuertes pesares y pesadas cruces, y muy a menudo cansado y desalentado me quedo…, me abato…, y caigo. Ten compasión de mí, y ayúdame a llevar con resignación y gozo mis cruces, con la mirada siempre vuelta al cielo. Os tomo por protector mío, por mi maestro y mi guía aquí en la tierra, para ser vuestro compañero en la patria del Paraíso. Amén.

Oración para obtener virtudes

Glorioso Padre nuestro San Juan de la Cruz, a quien el Señor quiso destinar para compartir con la Santa Madre Teresa los trabajos de la insigne Reforma de la Orden del Carmelo, hasta poblar a España de monasterios de descalzos que hicieron célebre vuestro nombre, y venerada vuestra memoria: yo os felicito porque os cupo tan gran dicha, así como por la felicidad de que gozáis en el cielo, en justo premio de tantas y tan grandes virtudes; y os pido, Santo Padre mío, me alcancéis de Dios un gran amor a la Sacratísima Virgen María, que fue el principal distintivo de vuestra gloriosa vida, para que, sirviéndola aquí en la tierra, pueda gozar de ella con Vos en el Cielo. Amén.

Oración para obtener gracia divina

Glorioso San Juan de la Cruz, verdadero modelo de inocencia y penitencia! Yo os felicito por la victoria que alcanzasteis sobre vuestros enemigos y por la gloria, grandeza y poder de que gozáis. Reformador de la Orden Carmelitana, reformad mi alma, llena de miserias, haciendo que conozca lo perecedero de este mundo, para despreciarlo, y lo sólido y constante de la virtud, para amarla.

Consejero intimo de Santa Teresa de Jesús, inducid mi espíritu a que constantemente busque y alegremente abrace la perfección cristiana, para que, si un día, preguntado por Dios, que es lo que quiero por mis trabajos, pueda responder, como vos respondisteis: Señor, padecer y ser despreciado por vos. Alcanzadme este santo deseo y la gracia de saberos imitar en la tierra, para después poderos acompañar en el cielo. Amén.

Oración para la resignación

Vuestro emblema fue siempre padecer y ser despreciado.
¡Oh, si pudiese yo al menos resignarme en mis tribulaciones, ya que no soy tan generoso como tú en el padecer y ser despreciado!
A ti, pues, que en tantos sufrimientos fuisteis siempre paciente, resignado y gozoso, a ti me encomiendo Para que me enseñéis a resignarme en mis muchas penas.

Tampoco me faltan fuertes pesares y pesadas cruces, muy a menudo cansado y desalentado me quedo…, Me abato…, y caigo. Ten compasión de mí, ayúdame a llevar con resignación y gozo mis cruces, con la mirada siempre vuelta al cielo.
Os tomo por protector mío, por mi maestro y mi guía aquí en la tierra, para ser vuestro compañero en la patria del Paraíso.

Oración para que se haga su voluntad

Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.

Oración para conceder deseos

Concédeme oh Cristo un constante deseo de imitarte en todas mis acciones. Ilumina mi espíritu, para que contemplando tu ejemplo, aprenda a vivir como tú has vivido. Ayúdame, Señor, a renunciar a todo lo que no es plenamente a honor y gloria de Dios.

Y esto por amor tuyo, Jesús, que en la vida querías hacer en todo la voluntad del Padre. Oh Señor, haz que yo te sirva con amor puro y entero, sin esperar en cambio éxitos o felicidad. Que yo te sirva y te ame, Oh Jesús, sin ningún otro propósito que tu honor y tu gloria. Amén.

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